El origen del Alano español es tan antiguo, que no es nada fácil datar el inicio de su colaboración en nuestras labores. Lógicamente las utilidades vendrían definidas inicialmente desde pretéritos caminos paralelos entre hombres y perros, desde la evolución y necesidades de caza de otras épocas.

Cuándo tendrían su inicio estas colaboraciones con una casta canina que como tal, fuese evolucionada y diferenciada del resto, como perro de presa español, es inciertamente constatable, lo que sí podemos referenciar son las primeras muestras literarias con documentalistas de excepción, como la de Juan Ruiz Arcipreste de Hita, en el siglo XIV.

  Padre de Navarro

Un ejercicio más sencillo y demostrable es definir cuáles eran estos usos. Las primeras alusiones históricas que hacen mención al Alano, son las que describen su capacidad para la captura de reses bravas en libertad, como perros de sujeta en mataderos, y más tarde en plazas de toros. Desde al menos 7 siglos estas escenas hispanas han sido pintadas, esculpidas y documentadas por artistas de diversas procedencias. Varios siglos después, en la histórica carta fechada en San Sebastián en 1.631 del Sr. Eaton a un destinatario de Londres, el Sr. Wellingham escribe, presumiblemente por primera vez en la historia de la cinofilia internacional, el término bulldog, con la paradoja para el que no conozca la anécdota, de que es utilizada para describir a un perro español: Spanish bulldog, milk cart-dog, o spanish alain, han sido otras denominaciones con las que se han calificado desde culturas sajonas a nuestros chatos, como familiarmente se les conoce en la actualidad en las comarcas cántabras, sin atender a nuestra nominación original: perro alano español. La curiosidad no termina en esta observación, sino que existen innumerables pruebas de exportaciones de alanos españoles a Gran Bretaña, Alemania, Francia, Italia, o al continente americano, desde hace más de un siglo, cuyas sangres corren hoy por muchas de las razas foráneas de presa actuales.

  Belcha de Ponce de León.
Guadalajara 1992


Un estudio más extenso, que referencia estos y muchos otros datos con profundidad, es el que se presenta en el libro de Agustín del Río Yenes: "Alano Español: Historia de una realidad consolidada".

Desde aquellos tiempos, hasta nuestros días, han sido increíbles los cambios que se han vivido dentro de nuestra geografía, desde todos los puntos de vista posibles, pero algunos usos y tradiciones se han guardado tan invariables en el tiempo, como las cualidades que el viejo Alano ha mantenido vivas, y de cuya utilidad el ganadero cántabro se ha servido siempre como de la más valiosa de sus herramientas, bien es cierto que en muchos casos, no sin cierta desconsideración por la otra parte.

El ganado español encastado presentaba grandes dificultades en el campo, y de entre las distintas opciones con que los hombres contaban para su manejo, la más común era la de utilizar a los perros de diente españoles en algo parecido a una cacería, para perseguir, acosar y hacer presa al vacuno del flanco, del morro, o de una oreja, hasta someterlo, y dejarlo en manos del vaquero que llevaría a cabo la tarea que se precisara: traslado, examen veterinario, marcado con el hierro del encaste,... etc.


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